Yo no sirvo para cometer un crimen, para ocultar la pena, ni para hacer amigos. De cierta manera quisiera ser todo lo contrario, pero me gustan los dinosaurios; ser uno hubiera estado bien, pero de algún modo (creo que) lo somos, porque nos extinguimos de distintas maneras: sobre la tierra, desapareciendo; o bajo el agua, azules. Yo prefiero quedarme azul, convirtiéndome en el libro de alguien que sigilosamente observó en secreto y escribió de todas las maneras posibles, sin cambiar nada en la línea de tiempo. Nunca dejé de mirar fijo a las personas con las que me crucé en la calle. Tampoco dejé de sorprenderme con lo poco que ofrecían. Sólo quise desaparecer y ver qué harían ahora los demás dinosaurios con la incertidumbre de un nuevo témpano de hielo. Pero desperté otra vez, y vi que estaba rodeada de enormes montañas de hielo azul que me sonreían mientras, yo yo era lo que siempre fui.
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