19 oct 2014

Centinela

Justo ahora, es una de esas noches en las que después de apagar todo para dormir, la idea de fantasmas cruza mi mente, y me da miedo. Lo pienso, y acto seguido trato de pensar en otra cosa... pero es demasiado tarde: ya tengo miedo y no hay manera en la que pueda cerrar los ojos tranquila. ¿Por qué pensé en fantasmas justo antes de dormir?, habiendo tantas otras cosas que imaginar en ese pequeño lapso de tiempo en que siempre pienso otras cosas, asuntos que se van convirtiendo en imágenes cada vez más aleatorias que posteriormente serán sueños... Necesito no pensar en fantasmas, porque me dan miedo. Quiero pensar en otras cosas, pero no sé cómo; recordar algo cómico, casi siempre son cosas vergonzosas... lo que es igual de abrumador. Ahora mismo, recordé un par de cosas muy vergonzosas, pero no borran a los fantasmas que creo escuchar subiendo la escalera, que seguramente resulte ser alguno de nuestros gatos, asunto que mi cerebro intenta racionalizar, pero que mi corazón no puede creer, estallando en latidos que podrían escucharse en otra ciudad de haber menos tráfico. Intento cerrar más los ojos, tengo mucho sueño, pero tengo miedo de los fantasmas que imagino se están sentando en mi cama cuando siento el peso de un gato sobre mis pies, temor que se esclarece solo cuando el ronroneo se hace evidente. Me da risa tener miedo de los fantasmas, es algo que casi nadie sabe de mí, me da vergüenza porque sé que es algo tonto; sé lo que diría, me imagino lo que diría. Invento lo que podría decir, pero lo imagino benevolente en cuanto a este miedo mío de niña tan pequeña, me imagino que aunque se ríe, no se ríe de mí... ¡ya está! Estoy pensando en otra cosa... pero en estricto rigor, también es un fantasma, así que... Justo ahora, es una de esas veces en que voy a contarme un cuento, de otras personas, o de animales. No de fantasmas, ni espíritus, ni nada parecido. Y voy a dormir. Y soñar con gatos.

No hay comentarios: