Detesto esta ciudad un poco más cada día. Ningún lugar parece mi lugar. El camino por la mañana y por la tarde, es eterno. La hora entre las siete y las diez, por la noche, es tan breve. La ruta es tan repetida. Las personas son tan ciertas y eso es tan triste.
Nadie es como de libro. Eso es tan, tan triste.
Me quiero mudar a un sitio donde se respire vapor azul. No me refiero al mar; hablo de algo que nadie podría explicar.
Pero ese tampoco será mi lugar.
Aunque lo haya inventado yo, nunca será mi lugar.
Me imagino incluso mi libro favorito. Tampoco me quedaría. Me imagino a mí misma. Tampoco sería yo misma.
Escribo esto y en realidad no escribo de nada en absoluto. No conozco nada, sólo emociones muy pequeñas; las únicas que he visto pasar desde mi sitio.
No sé por qué yo prefiero mirar desde afuera y contarme un relato en vez de estar adentro, como una testigo que narra.
Por eso escribo cualquier cosa. Cosas que no me pasan.
Me gustan las tragedias reversibles.
Me gustan las cartas. Pero nunca pude enviar una de verdad.
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