25 nov 2015

A temps perdu

I

— No deberías estar fumando, porque te ves pésimo fumando. Peor que habitualmente, ¡incluso!
— Qué risa, porque quieres que me enoje o algo, pero en verdad me diviertes, infinitamente.
— Me parece estar mirando a una niña que quiere aparentar más edad, fumando.
— Y ahora, me halagas.
— ¿Qué parte de lo que dije, objetivamente, es un halago? Fue todo lo contrario.
— La parte en la que dijiste que parezco una niña. 
— ¿Y yo? ¿Qué te parezco yo, a ver?
— Tan solo detestable. 
— ¡Ese sí es un verdadero halago!  Me dio risa y tú sonreíste honestamente.

II

Acomodé los últimos libros en una caja pequeña (mis favoritos, de ediciones extranjeras o los que más sufrimiento me había causado terminar), para mudarme a un lugar microscópico, pero solo mío y con vista a calles de adoquines.

Me hubiera encantado llevar en esa caja Pride & Prejudice con la portada que ilustró Kazuko Nomoto. Hubiera sido un tesoro, siempre sobre la mesita de noche.

Hace tiempo, me costó poco destinar el dinero, pero meses reunir el valor para encargártelo como favor, ¡y aún así me deshice en palabras inconexas de la vergüenza!

Creo que de no haber estado tan, tan roja, no me hubieras interrogado con tanto placer. Se trata de un libro de época. Y de amor. Romance histórico, en verdad. ¡Pero un clásico de la literatura!, dije esperando que ese último fundamento fuera suficiente como para que me dejaras ir. Pero tú alma era cruel, y te reíste de mí lo que podrían haber sido horas. Aun así prometiste enviármelo por correspondencia, cuando te instalaras bien en la ciudad más lejana a la que habías ido, y por tanto tiempo.

Siete meses después, te habías asentado completamente y pese a que habías buscado la edición que pedí en todas los lugares que se te ocurrían, no la habías encontrado. Incluso tu novia (que conociste allá antes de adaptarte a la diferencia horaria) te había ayudado, pero según parecía era una edición muy popular y eso explicaría que estuviera agotada, pese a ser bastante cara.

(Pero no tan cara como es ahora, en el futuro)

Había querido esa edición con toda el alma desde que la había visto en una revista. Y tú, te habías rendido. Ya era invierno aquí, muy de noche y día martes.

Me quedé en silencio. Iba a hablar, decir que no importaba (aunque muy secretamente sentí que casi iba a llorar) cuando súbitamente la pusiste a ella al teléfono, para confirmar tu versión en la que habían recorrido todo buscándolo. No era necesario, te creía, pero siempre supe que no sabías qué hacer con una persona triste.

Ella habló muy rápido y no podía entenderla del todo. Esperable de ti, dijiste. Tu inglés hablado no es siquiera aceptable, precisaste.

No sé por qué esta vez lograste romperme el corazón. No tan bueno como el tuyo, cierto, pero ni siquiera aceptable fue una condena demasiado elevada; aun cuando siempre habías sido de ese estilo y aun cuando yo hubiera podido contraatacar como siempre. Sumado al innegable hecho de que mi inglés tampoco era malo.

Con solemne cortesía te di las gracias por haberlo intentado. No importa, no te preocupes. Y gracias por haberlo buscado. De todos modos ahora estoy leyendo otras cosas, tengo muchos otros favoritos que incluso puedo comprar aquí, así que... no pasa nada. Gracias, en serio.

—  ¿Te rendiste? Porque no dije eso, es solo que quizá no te lo envíe tan pronto y...

—  Han pasado siete meses y ¡te libero de esta misión! Dije actuando una risa bastante digna.


III

Todavía no consigo tener el libro. En su lugar, tengo un cactus resguardando el sitio donde vivirá la edición a penas la encuentre yo misma y pueda pagarla sin contemplaciones, al precio actual. Algún día.

Se volvió una misión personal e intransferible. 

No hay comentarios: