6 oct 2018

Yo, fatalidad

Hay un rincón en el mundo (y si no en el mundo, dentro de mí) en el que se amontonan todos los libros que nunca me devolvieron, los concursos que jamás gané, los remedios que me tomé y que no funcionaron, los discos que me dedicaron y que no volví a escuchar, los días malos, los sabores desagradables de las comidas nuevas, los llantos oscuros-densos-infinitos, el miedo a los fantasmas, la pintura de uñas que me saqué, los abrazos incómodos, los trabajos de los que me fui, las fotos que salieron mal, las caídas de rodillas en la calle, las plantas que se me secaron, la vergüenza ajena, las palabras terribles, el tiempo eterno que tuve que esperar por alguien en el Metro. Las desilusiones: tantas y tan grandes.
El listado es interminable y la angustia que se acumula, a veces, no cabe dentro de mí.

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