17 ago 2008

No.

Antecede una sonrisa debajo de las nubes de diciembre ¿o abril?. Cerrar los ojos y acordarse de correr para llegar a casa. Nadie sabía si realmente lloraba o reía. Todavía no sé. Entre tantas cosas eso olvidé. Boca arriba, mirando algo parecido a una cara. No anochece temprano cuando la voz hace ecos, y cuando no tienes reloj: Lo olvidé esta mañana, en casa. Me quedé pasmada mirando la punta de mis zapatos, pensando en cuan débiles son algunas cosas, y cuan fuertes son otras. No intentaría disuadir a nadie, tan sólo caminaría rápido, para no retrasar mi hora de pegar frases a suelo. Quién pensaría, que en ese momento, tan sólo en ese y no en otro, pensé en retroceder y guardar un pedazo de pasto en el cuaderno de inglés. Tan sólo un pedazo; no sé si para atesorarlo, no sé si para lanzarlo lejos, o para volver a plantarlo. No me explico por qué no regresé. Sucede una película, borrosa, que se quedaría viendo hasta quizá qué hora. Juraría que esta misma música. Juraría que mirando al techo. Juraría, pero no me gusta jurar. No atardece más temprano sólo por que ahora lleve el reloj conmigo. No me duermo más tarde sólo porque odio las matemáticas. No. Y muy por el contrario, la cuidad llueve el viernes.

Te pasaste una estación, otra vez. Sigue siendo jueves.

No hay comentarios: