Entonces, son las 18:34, y estoy resfriada. Me duele la garganta y me duele la nariz. Tengo trastornos del sueño, y pesadillas. Como de costumbre, mi mamá me compró las mismas píldoras antigripales, y las mismas pastillas que se chupan, con sabor a menta y eucaliptus. Tengo frío. Tengo la voz extraña y tengo sabor a remedios en la boca.
Eso, y te extraño. Pero no quiero extrañarte. De hecho, prefiero estar así de resfriada que extrañarte. De hecho, ya no te extrañaré, y de hecho, creo que en el fondo, también me extrañas.
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