Sí, amaneció nublado, amaneció como otoño, como la parte de junio que me perdí. Tal vez recordé las palabras viejas que usé hace meses, tal vez no guardé bien mis ideas en ese entonces, quizás recuerdes que yo solía asesinar palabras simples. Tenía frío en las piernas, tenía canciones en los hombros, tenía frases descuartizadas en la boca. Me parece que en algún momento dejé de sentir frío, me parece que el uniforme de colegio hasta me gustó, hasta me abrigó, hasta no quería llegar a casa. Hasta quería caminar un rato más, pero no tenía dirección. Caminar sin destino era muy tentador, pero no lo hice. No sé por qué no lo hice.
No, no pensé en lo difícil que son las cosas, ni en lo mal que podría ponerse todo. Pensé en lo linda que era la sonrisa de la Negra, que me gustaría tener esa sonrisa y no la mía. Pensé en lo mucho que me gustaría dormir entre tres y cinco de la tarde, despertar con el frío que deja entrar la ventana abierta. Me abrigaría, quizás seguiría durmiendo, quizás hablaría por teléfono, quizás escribiría un rato, quizás fumaría.
Lo más probable es que viera una película repetida, que llorara con una escena que haya visto decenas de veces, y que sólo haya esperado esa escena de un minuto escondida en los 90 minutos completos que dura la película.
Lo más probable es que viera una película repetida, que llorara con una escena que haya visto decenas de veces, y que sólo haya esperado esa escena de un minuto escondida en los 90 minutos completos que dura la película.
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