28 dic 2008

No sé


No hay tiempo que perder, a veces no es más de lo que vemos. Hace tiempo, fue autosugestión, fue un montón de excusas escritas a mano, excusas mías, fueron canciones mientras viajaba, fueron días en que debía hacer calor pero llovía, entonces todo parecía, pero nada era, o a veces no era y yo quería que fuera.

Me acuerdo de las veces en que me detuve en la esquina a ver si lo encontraba parado con las manos en los bolsillos, hasta que muy lentamente me dejó de importar, pero nunca lo suficiente. Me acuerdo de las veces en las que lloré sin querer llorar, nadie entendería: amor a nadie, pero amor. Nadie, nadie entendería, porque las calles cambian de nombre, porque yo caminaba por calles que no conocía, que que quise fueran mías, de nadie, nadie más. Pero toda la gente se veía tan feliz, y yo alguna vez lloré en una micro, sentada con la mochila en las piernas y la misma música de antes.

De repente encontré risas que en un principio eran ficticias, pero al final de tanto fingir llega a ser verdad. Risas de verdad. Ya no miré en la esquina a ver si estaba parado con las manos en los bolsillos. Cambié de ideas... El amor a nadie fueron besos de utilería tantas veces. Ningún beso de ellos merecía haber sido tal, ninguno se sintió cálido en las entrañas, ninguno hizo temblar mi barbilla, ninguno quedó pequeño. Todos duraron el momento, y no importaron ni un poco. 

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