13 ene 2013

Día sin número; Ficción #00034

Voy a dormir así de temprano, como si fuera octubre. Porque de mil maneras, duermo mal. Porque de mil maneras, me duelen las mejillas de tanto sonreír, también. (Y porque me gusta enumerar razones que desconoces, y razones sin sentido, cuyo fundamento primordial es esconder lo que ni siquiera sé de mí, para así sentir que eso me lleva absolutamente en la dirección contraria de tus amores bolcheviques. Así que me llevo mi viernes de mañana, mi ubicación exacta, a la hora exacta. Me llevo también lo que soñé anoche, que siempre estoy a punto de contar, pero que oculto, porque recuerdo que quizás alguien puede leer ésto, aunque es improbable. Por eso, mejor ¿hablemos de otra cosa? Algo que no sea de mí misma, algo que no involucre decirte de mis vestidos, de mis lunares, de mis dientes o de mis piernas, porque quiero ser lo opuesto, decir lo opuesto, ser invulnerable, que no me importe nada demasiado, no sentirme a gusto con tan poco, no sentirme triste por tanto, no sentir celos de los fantasmas inmateriales, de los libros amontonados. (En serio sí, pero me arrepiento en el segundo mismo, de la manera). Puedes detestarme, y eso es lo más cercano que diría de ¿Disculpas aceptadas? ¿Tengo tatuajes? ¿Hablo francés? No soy como tus amores bolcheviques. Soy más como la espuma. Como el abandono es. No te rías así de mí. Cuando te ríes, eres igual a mí, y quiero ser lo contrario. Más parecida a un volantín. 

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