Conté un secreto. No a ti, pero te miré por error, sentado de tal manera que creí que escuchabas de lo que estábamos hablando a tres asientos. Te vi mirarme la mitad de un segundo. Y entristecer. Miré tu boca incómoda, y me estabas viendo sonreír. No dije nada más, y miraste por la ventana. No supe por qué te vi entristecer, ni por qué me sonrojé. / No eras así, y sé que no eres así. / Pero en alguna parte de tus modales groseros, no pude dejar de mirarte yo a ti, tú viendo por la ventana. Hasta que me fui.
No hay comentarios:
Publicar un comentario