Por mi parte, pasado un tiempo prudencial, creí encontrar la cura para el verano/ la mezcla más placentera de menta y sal/ el universo antónimo de mí misma. y la fórmula para convertir una simple pena en una tragedia. Conseguí distraerme del frío yugoslavo con éxito, pero entonces, noté que ya nadie se precipita, y que no sé a dónde íbamos los precipitados (cuando íbamos). Porque ¿íbamos? Y desde otro siglo, me respondiste algo que me pareció absurdo, pero que en secreto también creí.
No le digamos al resto, que lo descubran solos, que no sepan quizás. Porque esta es una de las cien maneras en las que te olvidas de ¿mí? O, de las cien maneras en que me olvido yo de mí, en otro siglo. No castellano. No yugoslavo. Un siglo aparte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario