Debo detener los pequeños ataques al corazón por todo.
Cuando ya es un poco tarde y aún no llego a casa;
cuando se mancha mi blusa con una gota de helado;
cuando se me pierden las llaves en el bolsillo;
cuando me recorté demasiado la chasquilla;
cuando veo a alguien sospechoso;
cuando pronuncio algo mal;
cuando miento;
cuando alguien dice algo muy gracioso y no le simpatizo;
... por ejemplo esas cosas, me provocan pequeños ataques al corazón.
Pero
nada me violenta más el corazón que
no ser más una niña / no ser tan joven / ser adulta / envejecer
-y lo que eso significa-
Es un ataque simultáneo,
como esa sensación en el estómago al subir en ascensor,
pero amplificada un millón,
(qué digo un millón)
¡cien millones!
de veces;
... y sumar,
el hecho de saber
que cada nivel es el último momento.
Un ataque de pánico,
empalidecer y morir tísica;
eso es,
[pero sin poesía.]
Y lo que me asusta, no
es la muerte, sino
la muerte sin poesía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario