Ojalá sus brazos fueran tan largos, que pudieran silenciosamente cruzar toda la ciudad para abrazarme secretamente, desplazándose bajo la lluvia como un tren de noche. Debe ser un secreto, y yo jamás debo saberlo. Debe ser un abrazo mientras duermo, mientras respiro cálido; mientras sueño cosas que también son secretas. Al despertar no sabría nada, y él por su parte jamás lo mencionaría. Pero en el fondo quisiera saberlo, y que esos brazos se quedaran toda la noche, y todo su cuerpo en mi cama; y sus ojos enormes me miraran descansar sin ruido, sin nervios. Con nervios. Con ruido. Que abrir los ojos fuera encontrarme con sus ojos cerrándose. Escalofriante y tibio, al mismo tiempo.
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