7 ene 2015

Santiago, siete de enero de 2014
00:17 hrs.

Encabezado típico:

Ayer después de leer 386 páginas al fin terminé el libro y en el lugar en que solía habitar mi corazón, ahora sólo ha quedado un agujero. Cada vez que termino un libro, volver a la realidad me apena. No hay lugares como los narrados e imaginados según esas características. No hay personas como las retratadas en la ficción. No hay horas más rápidas que esas en las que nos captura el relato y casi se tropieza con las líneas por avanzar más rápido en la historia. 

Este libro en particular es uno de mis favoritos. Muchas de las páginas son cartas, y todas ellas de estructura muy clásica, como se estilaba en el siglo XIX. ¡Se me ocurrió que sería muy entretenido escribir una carta como esas! Es una lástima no tener a quién enviarle una carta, considerando que el perfecto destinatario debe ser alguien que se encuentre a una distancia relativamente vasta y de quien no tenga noticias desde hace mucho tiempo. El destinatario ideal, además, tiene que ser capaz de responder dicha carta: por lo tanto, no existe un posible destinatario para mi carta imaginaria. 

Ahora, sumida en el vacío del fin de un libro, me dedico a escribir las penurias que esto me causa ¡y mi propia situación me da mucha risa!, lo que es maravilloso considerando cuánto, cuánto me gusta reír.

Mi año ha comenzado estupendamente, aprovecho de decir. Tengo tantos planes como puede un alma a los 24 años... en realidad, tengo tantos planes como me permite mi asustadizo corazón. Sin embargo, no son pocas las metas que, me atrevo a pensar, podría cumplir este año. Tengo un gran propósito, uno en el que de tener éxito, garantizaría el éxito en todo lo demás: Mantener la calma. 

Parece simple, quizás para muchos lo es, pero no para mí. Ya quisiera yo tener corazón de bosque, permanecer inmutable frente a desajustes y contratiempos. Si pudiera pedir una virtud sería la de la calma. Espero entrenarme hasta conseguirlo. ¡Deséeme suerte, destinatario irreal! Por mi parte, sólo tengo buenos deseos para usted; que este sea el inicio de un tiempo digno de atesorar, lleno de momentos felices. ¡Estoy segura de que así será!

En fin, espero, por mi bien, encontrar un nuevo libro que detenga mis latidos. O no sé cuánto tiempo lamentaré públicamente no pertenecer a alguna ficción. 

Me despido cordialmente, con la solemnidad que se requiere en estos casos.

Inconclusamente,
Beatriz. 




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