Lo extraño de este sábado fue terminar almorzando a solas con mi mamá. Sin mi hermano mayor, ni mi hermana menor. (Como seguramente no saben, soy la hermana del medio).
El resto fue todo muy normal, spaghetti al pesto, porque ya no sé que cocinar que no tenga carne, y una conversa muy rápida, pero no tan divertida como cuando está mi hermano, porque ¡oh!, cuando él está, siento adoloridas las mejillas de tanto reír, ya sea por sus bromas sobre sí mismo y del resto, o simplemente por lo contagioso de su espíritu... sus ojos tienen esa forma, como si nunca dejara de sonreír del todo. Y cuando está mi hermana... de ella, nunca dejo de saber que en su interior hay un universo inagotable e inexplorado, que trasciende a su oscuro, terrible y ocurrente humor. Ella es muchísimo más que lo evidente, pero jamás lo admitiría. Parece siempre tan impenetrable y descuidada, excepto en momentos muy fugaces (que siempre guardo el secreto de haber atrapado).
Terminamos de almorzar hablando de mí; que el jueves me habían dejado el programa del Centro Cultural La Moneda, y que por lo visto, había una exhibición de Botticelli, pero a mí no me gusta, dije. Mi mamá dijo que a ella tampoco, y empezó a poner caras como las de Primavera o Virgen con el niño y seis ángeles (todavía no estoy segura si alguna de esas o una mezcla de ambas). Acabé riéndome estruendosamente y ella muy satisfecha con el logro de su imitación.
Luego dijo que el arte renacentista no era su favorito, aseguré que tampoco el mío (excepto por Van Eyck, tal vez). Dijo que sin duda prefería el Barroco, pero que su favorito era el Surrealismo, y pregunté si el abstracto o el fugurativo. Ella respondió que ambos, aunque prefería a Kandinski por sobre Dalí. Anécdotas de los artistas, anécdotas de los períodos históricos, anécdotas de la visión de mundo de cada época y...
Luego dijo que el arte renacentista no era su favorito, aseguré que tampoco el mío (excepto por Van Eyck, tal vez). Dijo que sin duda prefería el Barroco, pero que su favorito era el Surrealismo, y pregunté si el abstracto o el fugurativo. Ella respondió que ambos, aunque prefería a Kandinski por sobre Dalí. Anécdotas de los artistas, anécdotas de los períodos históricos, anécdotas de la visión de mundo de cada época y...
Para resumir, hablamos durante unas dos horas de sobremesa, por encima del postre de dulce de frambuesa.
(No descubrí nada nuevo, siempre supe que le encantaba Velázquez y que detestaba a Goya. Y que su dulce de frambuesa es el mejor de la Tierra).
Cuando había pasado mucho tiempo sentadas frente a frente, decidimos separarnos para continuar el día leyendo o viendo películas o durmiendo o...
No fue un almuerzo extraño para nada. Siempre terminamos todos hablando de arte o de literatura o de política y finalmente de una mezcla de todo ello. Los sábados de almuerzo familiar o los domingos, cuando viene mi papá. O un día cualquiera en que haya más de uno en la mesa.
Me acosté en el sofá más cómodo de la sala, pretendiendo terminar un libro que aún no logro querer del todo, y pensé en lo aburrido que sonaría desde afuera un sábado como este. Y lo lamenté, de cierta manera.
Tal vez, si vieran la forma en que todo ocurre, la manera en que flota alguna idea y entonces es atrapada y desmenuzada; y todos nos terminamos riendo, entrelazando historias, porque...
Oh, ¿suena terrible? ¡Y es, sin embargo, tan divertido!
Y quizás por eso, siempre me gustó leer o saber o investigar o simplemente: hablar.
Hablar demasiado.
Mis hermanos todavía se ríen de mí por eso. Porque nunca cambié. Y cuando estoy a punto de frustrarme a causa de su ensañamiento, aparecen mirándome esos ojos que no dejan de sonreír, de mi hermano.
Y me río, estruendosamente, para variar. Luego, él se castiga, diciendo una cruel broma de sí mismo. Todos estallan, incluso yo.
(Pero el mejor castigo es, siempre, pedirle que recite poesía en inglés. Le pido a Lord Byron. Declama rápidamente, sé que le da vergüenza –pese a que es profesor de Literatura Inglesa–. No mira a nadie mientras recita. Es de las poquísimas veces en que sus ojos están ligeramente más llenos que cuarto creciente).
Y creo que ahora convertí esto casi en una oda a mi hermano, ¡qué desastre!
Pero si fuera algo parecido a una oda, sería a mi suerte.
Por haber crecido en una casa llena de amor y libertad y libros y risas. Porque toda mi vida pude ser yo misma y solo recibí, de todos ellos.
Así, esto puede explicar por qué soy quien soy. Por qué me río estruendosamente, por qué nunca aprendí a nadar demasiado bien durante todos los veranos de vacaciones cerca de la laguna, por qué me refiero a algunos poetas como si los conociera en persona...
Y por qué no me gusta Botticelli.
Su famoso Retrato de Dante. De un Dante tan lejano... Y tan frío e imperturbable.
Postdata: No estoy enamorada de mi hermano.
Postdata 2: No estoy enamorada de Dante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario