19 feb 2016

Un viernes de verano

I.

Vamos a ver un documental a las diez de la noche. Escogemos la ubicación más central posible. Me pongo los anteojos (-2,5 y -1,5) para enfocar. Reviso mi correo electrónico por última vez antes de desaparecer (una muestra de mis adultos 25 años). Permanezco dos horas y media casi quieta (no del todo, admito). Detesto a la gente que murmura demasiado alrededor. Susurramos solo si es necesario. Nos quedamos a ver los créditos finales. (Momento extraño siempre, el final). Guardo los anteojos y vuelvo al desenfoque. Respondo por qué ahora me quito los anteojos, si veo tan mal (como si a un metro y medio de mí todo fuera una pintura impresionista). Escucho un quejido reprobatorio por mi respuesta a esa interrogante. Nos levantamos de nuestros asientos. Caminamos a la salida. Nos despedimos de las personas en la casilla de tickets. Me pongo mi chaqueta (liviana, porque es verano). Enciendo un cigarrillo. Escogemos el camino a través del parque. Caminamos y hablamos del documental, de la banda sonora, de los subtítulos, del director, de los premios, de un documental francés similar. Pienso en esperar que el semáforo de luz verde, pero cruzamos de todos modos con luz roja, considerando el poco tránsito que hay a esta hora de la noche. Vemos pocas personas en la calle. Noto que la ciudad vacía es infinitamente más bonita. Digo en voz alta lo bien que se ve la ciudad sin personas. Dice que sí, y se ríe. Me río también. Quiero caminar más, que la ciudad siempre parezca ideal, que todo el día esté así de fresco. Tomamos un taxi. Subo primero. Digo ¡Hola! Me siento y confirmo, una vez más, que en todos los taxis, por la noche, suena música de fiesta. Miro por la ventana la ciudad avanzar. Viajo en silencio, porque la ciudad va pasando por la ventana y me gusta verla. Pienso cosas ínfimas que después no recuerdo, concentrada en lo que sucede afuera. No digo nada, mientras él da indicaciones del estilo por esta avenida hasta la siguiente calle, luego a la derecha y... Escucho su pregunta, sonrío; explico que me gusta ir mirando (sobretodo los edificios que dicen el año en que fueron construidos en la parte superior del frontis. Pero no confieso esto último). Entrecierro los ojos para enfocar arcaicamente con los ojos. Leo MCMV. Pienso que si fuera Inglaterra, sería de la época eduardiana, porque la era victoriana termina en 1901 cuando... Escucho una reflexión en voz alta y volteo a responder, sonriendo. Le causo una risa, y río estruendosamente. Olvido en qué estaba pensando antes de esa risa. Vuelvo a mirar por la ventana. Recuerdo lo que estaba pensando. Reflexiono: en realidad, clasificar los edificios por su estilo sería más adecuado. Uno neoclásico, uno casi gótico, otro neoclásico. Muchas calles después, uno que diría que pertenece al barroco. Me desestabilizo en la vuelta a la última esquina antes de llegar. Doy las buenas noches y bajo. Él cierra la puerta y se despide. Llegamos. Creo que el camino se hizo bastante breve. Siento el dorso de su mano tocando suavemente mi mejilla izquierda. Respondo que solo un poquito, ante la pregunta de si tengo sueño. Recibo un beso en la frente, mientras avanzamos. Aprovechamos que un vecino (que nunca habíamos visto) deja abierta la antigua puerta metálica y entramos rápidamente. Lo saludamos, mientras nos detiene la puerta para que sigamos. Agradecemos y damos las buenas noches. Subimos escaleras. Espero a que él abra con su llave (siempre a mano, a diferencia de la mía). Entro primero.

II.

Dejo mis cosas en el sofá rojo. Miro la hora. Respondo que yo no tengo hambre. Me quito la chaqueta mientras cruzo el departamento (cosa muy breve). Escucho que pone música. Pido escuchar el Louder than bombs. Escucho que parte Is ir really so strange? Me siento en la cama y me saco los zapatos. Veo que él entra y sonríe. Se sienta también en la cama. Dice que fue un día largo y que también está un poco cansado. Sonrío y rodeo su cuello con mis brazos. Veo que cierra los ojos y le doy un breve beso. Veo sus ojos abrirse naturalmente. Me levanto a cambiar la canción. Pongo Half a person. Escucho que ¡es trampa, te saltaste casi todo el disco! Respondo que en realidad solo quería escuchar esta, que después puedes poner el disco que quieras, lo prometo. Veo sus ojos escépticos y vuelvo a prometer. Lleno un vaso con agua muy fría y bebo, mientras camino al sofá rojo. Traigo mis cosas. Vuelvo y veo que se estiró en la cama, con los brazos abiertos, y que sus pies aún tocan el suelo. Me quito la ropa. Veo que me mira, sin cambiar de posición. Sonrío mientras él sonríe, de manera casi invisible. me pongo pijama. Dice que el vestido que traía era bonito, pero que con pijama me veo más bonita. Respondo, con auténtica risa, que no lo creo; que mi pijama es una vieja polera suya. Dice que a mí me queda mucho mejor. Lo miro de manera aprobatoria. Se levanta de la cama y va a cambiar la música. Dice que verá a su hermano el domingo, que podríamos ir a almorzar con ellos. Respondo que sí, mientras me cepillo los dientes, y me explayo en una respuesta que no logra entender del todo, pese a mi esfuerzo por modular con el cepillo en la boca. Me ve llena de espuma, incluso en el mentón, intentando hablar y riendo. Se ríe. Voy al lavamanos y escupo. Ahora si me entiende. Me miro al espejo sin dejar de cantar muy despacio el coro de Norwegian Wood, que está sonando ahora. Me lavo las manos y la cara. Apago la luz y cierro la puerta tras de mí. Lo miro, está fumando un cigarrillo en el balcón mientras me habla, de espaldas a mí, viendo las pequeñas luces, cerca y lejos. Respondo todo. Gira. Me mira y sigue hablando. Apoyo la cadera en la esquina de un muro de la cocina (que también es el comedor). Fuma por última vez antes de apagar la colilla de cigarro en el cenicero. Nos quedamos ahí, hablando del Rubber Soul, después del Revolver, de la época de colegio, de sus vacaciones, de su bufanda azul, de las cosas que soñaba. Yo sonrío. Me adelanto en algunas historias que ya me sé. Se ríe y habla más. Yo hablo más. Me pregunta por qué me da tanta risa. Le respondo que porque me lo voy imaginando todo.  Se nos ocurre mirar su anuario. Va a buscarlo. Cambio la canción. Vuelve con el anuario. Nos reímos muy fuerte viéndolo, aunque se diría que es bastante tarde.

Pero es viernes y no importa. 

No hay comentarios: